Nada
Hola a todos los espectadores fantasma de este blog. Sé que nadie ha leído ni, muy probablemente, leerá esto alguna vez, pero vale la pena publicarlo. Me siento ubicada en un momento complicado, y necesito vaciar, aunque sea menos que medianamente, lo que siento dentro de mi. Gracias por la lealtad de todos estos años, aunque publique con una periodicidad prácticamente nula.
Hace mucho
tiempo que no hacía esto de escribir lo que siento. A veces siento que es un
deseo tan grande que se vuelve más grande que mi espíritu, incluso más
indomable que mi voluntad, pero se me escapa de las manos y empieza a pasar por
el filtro de la coherencia y expectativas con mi ansiosa razón. Muere, sin mayor
piedad, otra oportunidad de plasmar lo que siento. Así han pasado mis días, meses
y años desde que me perdí a mi misma, juzgándome por no entender cómo soy o lo
que se supone que debo ser, cómo actúo o lo que se otros dicen que hago, lo que
digo o lo que anhelo decir… así se desvanecen mis años y mis sueños. Yertos en
un camastro hecho de hojas secas, hojas que describen la vida que he llevado en
los últimos 12 años; manchadas, consumidas e inconclusas.
Siento dentro de
mi un deseo tan grande de alinear mi abstracta mente con mi vida terrenal, de
entender mis pensamientos, de hilar algún tipo de historia en mi colección de
hechos fortuitos llamada vida. Dentro de mi yace el espíritu de alguien que
sueña en grande con ilusiones hechas para otra vida, otro universo, otras
reglas físicas. Aquel donde las limitaciones ficticias no existen, donde puedes
volar a través de mirar los ojos de otro ser humano, aquel donde el fuego que
arde en tus adentros se convierte en la gasolina que te guía por el camino que
sigues diariamente, donde la lógica y la irracionalidad bailan conjuntamente en
una constante contradicción.
Algo que ahora
me hace cuestionar mis deseos es el hecho de que lo que creo o pienso que soy
está definido por el espejo que me entregan los demás. No encuentro en mis adentros
una sola pieza que me haga pensar sin meditaciones en que eso soy, más que lo
que otros han dicho de mí. Visualizo momentos icónicos de mi vida, tanto
ocurridos como imaginados, y la parte más interesante es aquella en la que me
encuentro con el otro, esa en la que me vuelvo real para otros ojos. ¿Qué soy,
sino lo que otros ven? ¿Qué me constituye más allá de mi cuerpo físico? ¿Tiene
sentido cuestionármelo? No lo sé. Solo sé que mi ansiedad existencial está
siendo tan grande que me hace dudar de mi capacidad de seguir viviendo en este
mundo.
Mi mente y mi
cuerpo, dos partes de una sola cosa, el “yo”…. Pero…. ¿Qué soy yo? Soy una
persona, eso está claro. Sin embarg0, intentando ver más allá de la obviedad de
mi categoría, ¿existe en mí algo tan ineludible que sea, de facto, lo que me
defina? Quizás en otro momento de mi vida podría haberlo dicho, cuando aún era
una niña que creía que el mundo era una esfera llena de colores y vivencias
lineales, tal como una historia bien escrita y coherente, hecha por un escritor
con mucha fe en sí mismo y en los demás. No obstante, ahora mismo dudo de ello;
mi vista me abandona, y nadie lo ve más que yo. Percibo en mi algo extraño y la
única respuesta de mi entorno es negarlo mientras cuestionan mi forma de pensar.
No niego que me equivoque en la forma en la cual proceso las cosas, pero de
algo estoy prácticamente segura: mi vista empeora cada día y la depresión enmascarada
en pastillas no desaparece. Mientras escribo estos párrafos, mis ojos existen con
dificultad frente a la pantalla, a la vez que mi mente me pide escapar de
alguna manera a algo que me haga sentir bien.
Cuando era pequeña
disfrutaba leer y escribir, sobre todo escribir lo que pensaba. Me generaba gran
placer plasmar en frases lo que mi cabeza percibía del mundo. Eso nunca ha
cambiado, la creatividad que define mi ser es desbordante. De hecho, ahora que
lo escribí y lo pensé, me doy cuenta que quizá esa podría ser una palabra que
defina el cómo soy: creatividad. Creatividad, creatividad, creatividad… ¿por
qué? Mi mente se enfrasca en una realidad paralela, donde lo que percibo del
mundo es convertido en historias, pensamientos, planes, películas, ideas y más
ideas… ¿Y qué? Me convertí en una experta para negar mi realidad. No puedo
estar a solas con mis pensamientos porque huyo, el silencio me desborda y solo
deseo escapar de él. Busco el placer en las cosas superfluas y me refugio en un
algoritmo para pasar mis días de desolación y temblor. Temo de mi realidad, esa
en la que mi cuerpo se ha vuelto débil y distinto de lo que alguna vez fue, sin
explicaciones lógicas o aparentes, que me han hecho vivir temiendo del mañana
pero refugiándome en la inacción del hoy como un premio a mi aguante todos estos
años. Estoy cansada de vivir de esta manera.
Siento que vivo,
pero me despego de la vida. Nada me genera genuina felicidad más que las cosas
vacías, como objetos y comidas sabrosas, pero me aleja de la médula de la
experiencia humana, tales como la lectura y la contemplación. Cada día me alejo
cada vez más de lo que alguna vez soñé que sería, me distancio de mi propia
imagen, de mis sueños y aspiraciones…
Aparentemente lo
tengo todo, ¿por qué me siento tan vacía? Verme en mi propio espejo me genera
miedo, tristeza, ansiedad… busco huir amablemente de mi propio camino e
introducirme en la vaguedad de un pedregoso alternativo a la realidad, donde no
existo, y solo voy sin rumbo a encontrarme con el no-ser. No-pensar,
no-hacer-nada. No hago nada, solo hago cosas que me permiten existir lo
suficiente como para no pelear con mi entorno, pero en mis adentros me siento
como un cascarón de huevo que perdió su razón de existir: la yema a la cual protegía.

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